viernes, 4 de febrero de 2011

Dosis de Valemadrismo

Nunca sueño dormido, pero sí despierto.

El punto es que esta semana he padecido trastornos del sueño (autodiagnóstico).

Entre semana tengo tantas cosas que hacer que en el mejor de los casos duermo seis horas y por supuesto, cuando llego a casa, lo único que quiero ver es mi cama.

Pero esta semana he tenido unos sueños muy extraños desde persecuciones, robos, hospitales, amigos, bebés y hasta contacto con colegas en Egipto que ni por error tendría que tener.

Y tratando de hacer un análisis de por qué no disfrute mis maravillosas horas de sueño, llegué a la conclusión de que me siguen afectando muchas cosas que no tendrían porque importarme, pero tengo años luchando contra esto.

No puedo ser indiferente a cuestiones que afectan a mi familia, amigos, compañeros, etc. Siempre me tengo que clavar, trato de solucionar conflictos y lo logro, claro, en mi cabeza.

El absurdo es cuando leo en el periódico alguna historia que no me influye, que no me afectará y que literal, me tiene que valer madres, pero claro, mi maldita mente se clava y de ahí nadie me saca.

Ya ni sé porque les cuento esto, ahh claro, necesito que me digan cómo y dónde comprar una alta dosis de valemadrismo porque últimamente ocupo grandes cantidades.

Algún día les contaré qué pasa por mi cabeza, pero ahorita no es el momento...


lunes, 31 de enero de 2011

Explicación sí, respeto también...

No sé ustedes, pero siempre he creído en que todo en este mundo tiene una explicación. Esa idea cobró más fuerza cuando tomé un curso de periodismo científico.

Jamás olvidaré las palabras de Estrella Burgos, editora de la revista ¿Cómo ves? de la UNAM: "Todo tiene una explicación, el problema radica en que no la hemos encontrado en todos los casos".

Debo decirles que sí me han ocurrido fenómenos raros, no de miedo, pero que no encuentro ninguna explicación. Aquí les comenté lo de las llaves, hace algunos años o cuando con uno de mis primos vi pasar una sombra y no había nadie más en ese piso de la casa de mis abuelos.

Estoy convencido en que no son fantasmas ni monstruos que vienen a apoderarse de nuestro entorno.

Y esto se los platico porque el otro día me enfrasqué en una discusión con unos compañeros de trabajo acerca de los famosos amuletos y sus propiedades y efectos positivos en la vida. Además, claro, de los fantasmas y espíritus que supuestamente rondan entre nosotros.

Aquí en mi país llegamos al absurdo de colocar listones rojos a las mujeres embarazadas, colgar chiles en las casas para el mal de ojo, y así les puedo contar mil cosas por el estilo.

Yo simplemente los considero una mamada, pero nunca me había puesto a pensar en que quizá, y haciendo a un lado los supuestos efectos que tengan, sí ayudan a las personas a sentirse bien.

Y en ese sentido, pues que cada quien haga de su vida lo que le dé su chingada gana ¿no?

No lo había visto de esa forma, pero finalmente lo importante es el respeto, ¿qué no?

Como dice Flor Berenguer, la pluralidad de ideas es lo que cuenta.

lunes, 17 de enero de 2011

El regreso, necesario

En abril fue la última vez que escribí en este espacio. Tuve varias razones para dejar de hacerlo.

Cuando me preguntaban el por qué, sacaba una larga lista de pretextos para que me dejaran de chingar, pero la verdadera razón de esta ausencia fue que no tenía nada que decir. No me interesaba expresar lo que sentía en ese momento.

Y es que 2010 fue un año de muchos cambios en mi vida, desde lo profesional, social y espiritual, hasta la llegada de nuevas personas que se quedarán por siempre y claro, las que se fueron.

Fue un año en el que cuestionaba mucho el destino, que lloraba en soledad, que no tenía valor para enfrentarme a muchos temores, y pese a que no estoy todavía al 100 por ciento, es momento de salir del agujero y retomar este espacio que me ha dado mucho.

A través de estas líneas quiero agradecer las palabras de Alí Montero, escritora del blog Punto Aparte, quien fue la primera en notar mi ausencia e inmediatamente acudir en mi ayuda.

Y por supuesto a todos aquellos amigos que me escucharon, me dieron palabras de aliento y nunca me juzgaron, al contrario, agradezco sus madrizas, regaños y comprensión.

Una de las conclusiones a las que llegué fue, y quizá muchos no coincidan, es que ya todo está escrito. Se llama destino y no lo puedo modificar y sólo luchar porque todo salga bien, que me sienta pleno y, sobre todo, feliz de hacer lo que hago.

Este tema lo he discutido con mi familia, amigos y las opiniones son diversas, pero en mi caso tampoco se trata de caer en el absurdo de todo está padre, nada puede conmigo, etc, porque precisamente me di cuenta los aspectos más vulnerables en mi ser y justamente aprender de estos. Lo resumiría en "tomar las cosas como van" y dejar a un lado situaciones absurdas que sólo ocurren en mi mente.

En fin, que uno de mis propósitos es volver a bloguear, compartir y utilizar este espacio que tanta falta me hacía.












jueves, 1 de abril de 2010

Carta al presidente Felipe Calderón.

Sr, presidente:
Leo que usted está muy indignado porque los mexicanos hablamos mal de nuestro país en el extranjero.

Está muy enojado porque los periodistas sólo damos malas noticias, pero eso sí, no hace nada por los colegas que han sido asesinados.
Usted está molesto porque los mismos embajadores y cónsules alertan sobre la violencia en el país y porque también lo hacen los gobiernos extranjeros.

¿Pero qué pretende? ¿Que digamos que aquí todo está en completo orden y que es seguro salir a las calles? No señor presidente, las cosas aquí en están muy mal.

Este mes que acaba de terminar fue el más violento en lo que va de su sexenio. De esa guerra que usted decidió emprender y de la cual pocos estamos de acuerdo y que, aunque se enoje, ya perdió.

Pero vamos más allá. Este mismo mes un comando armado mató a 10 jóvenes, 7 de ellos menores de edad, en un poblado de Durango, en una zona a la que nadie, ni siquiera el Ejército, se atreve a entrar porque está en control del narco.

¿Le sigo?
Tres estudiantes de posgrado del Tec de Monterrey murieron en medio de un tiroteo.

En Monterrey y Reynosa, ciudades del norte de México, presuntos sicarios tomaron camiones y literalmente bloquearon avenidas para que las autoridades no pudieran llegar a la zona donde se enfrentaban grupos de sicarios.

También mataron a tres personas vinculadas al Consulado de Estados Unidos.

Y ni qué decir de los decapitados de Morelos, Sinaloa y Michoacán.

También es importante mencionar que nos la volvió a hacer. Subió el precio de la gasolina y del gas. Y gracias por mandarnos decir con el secretario de Hacienda que los incrementos en combustibles seguirán.
Pero no sólo hay violencia.

Cómo es posible que a casi un año del incendio en la Guardería ABC donde murieron más de 40 niños y está documentado que hubieron irregularidades por parte de las autoridades, el actual secretario de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas, quien fuera titular del IMSS, siga en su gabinete sin enfrentar a la justicia.

Y cómo se atreve a decir que la economía mejora, cuando los ciudadanos vemos que es al contrario. No hay trabajo, los alimentos suben, el transporte aumenta y claro, el mercado de la ilegalidad prolifera.

Pero eso sí, insiste en la magna celebración del Bicentenario. Por favor, no hay nada que festejar.

Señor presidente, habemos muchos que no dejaremos de publicar lo que pasa en el país, aunque usted se enoje.

Habemos mucha gente que estamos muy decepcionados de su gestión, vaya, que creímos en usted y que nada más no vemos claro.

Y si quiere que hablemos bien del país, haga las cosas bien. Pídale unos consejos a Lula da Silva de Brasil o a Michelle Bachelet que dejó un muy buen sabor de boca en Chile. Vea las imágenes cómo los aclama su gente.

¿O de plano quiere que caigamos en el absurdo de inventar notas positivas? Usted nada más diga, pero ya basta de querer tapar el sol con un dedo.
En México sí estamos en crisis, con miedo, y perdón que se lo diga, pero en medio de una guerra perdida.
Atte,
Víctor Montufar

martes, 23 de marzo de 2010

Jonathan, víctima de la imprudencia

Jonathan era un joven de 21 años que como muchos en el país decidió irse a Estados Unidos para buscar una mejor vida.

Tenía cuatro años de haberse ido de mojado a Houston, Texas. Vivía con un tío y sus primos (3) que también decidieron caminar ‘pal norte’. Sólo dos de ellos, el tío y otro primo, tenían un permiso legal para trabajar.

El sábado, la familia decidió irse a ver un partido de futbol y después de un buen rato, y sin haber tomado una sola cerveza, decidió adelantarse al departamento junto con un amigo, al que le daría un aventón a su casa. A los dos minutos uno de sus primos decidió seguirlo.

Al cruce de una avenida, un gringo alcoholizado se pasó un alto y chocó contra el automóvil de Jonathan. Él murió al instante y su amigo continúa hospitalizado. Su estado es grave.

El primo que iba atrás de él se da cuenta del incidente. La escena es desgarradora. –¡No vayas, aguanta, ya viene la ambulancia!- mientras se aferra al cuerpo de Jonathan.

Pero pequeño detalle, son inmigrantes. En ese momento llega una patrulla y le dice: Vete de aquí. No hagas (sic) más problemas.

El tío que sí tiene visa de trabajador se hace cargo de reconocer el cuerpo y el papaleo. El borrachito fue detenido, pero ya no se supo qué pasó con él. A la familia no le interesa, nada les devuelve al joven. El certificado médico demuestra que Jonathan no tenía una sola gota de alcohol en su cuerpo.

La familia de Jonathan vive en una comunidad de Querétaro. Tenía 4 hermanos más pequeños. Sus papás apenas y obtienen algunos pesos de trabajar la tierra. Jonathan los mantenía y les daba escuela.

Y la tragedia no termina. Habría que juntar 30 mil pesos para pagar el traslado del cuerpo. El avión, la carroza, la autopista de México a Querétaro y los honorarios del personal de la casa funeraria.
El gobierno sólo los apoyó con material para el entierro. Ni siquiera con el terreno en el cementerio. Sólo les dieron arena, cal y cemento.

Los primos tuvieron que despedirse de Jonathan a minutos de ser trasladado a México. Ahora tienen que acostumbrarse a su ausencia.

Los papás ahora tienen que lidiar con el dolor de haber perdido a un hijo y su apoyo principal.
Jonathan tenía ganas de regresar en diciembre a México y dejar atrás esa aventura del sueño americano.

sábado, 20 de febrero de 2010

Dejemos de hacernos pendejos... ciudadanos sobre diputados

Dejemos de hacernos pendejos es un proyecto en el cual los ciudadanos comunes y corrientes damos seguimiento al trabajo de algún diputado federal.

Para muchos podría ser muy sencillo, sin embargo es un compromiso a largo plazo y como dicen en mi pueblo, traer “marcaje personal” para saber qué están haciendo con nuestros recursos, cuáles son las iniciativas en las que trabajan y que no sólo vayan a sentarse en una curul a cobrar un jugoso cheque mes tras mes.

Los que nos inscribimos en este proyecto adquirimos el compromiso de dedicar tiempo y esfuerzo para revisar la información que genera el legislador que adoptamos.

Otro de los objetivos es “generar mecanismos imaginativos y creativos para impulsar la transparencia y la rendición de cuentas por parte de los diputados federales”.

“Cada trimestre aparecerán retos para que los ciudadanos reporten información interesante sobre el desempeño de sus diputados y pensando con esperanza, generando cambios de comportamiento encaminados a la honestidad y la eficiencia de nuestros representantes”.

Pues bien, yo elegí a Marcela Torres Peimbert. Su nominación fue muy cuestionada ya que en mayo de 2009 dejó el cargo honorario (es decir, ni recibía salario) de presidenta del DIF del estado de Querétaro siendo esposa del entonces gobernador Francisco Garrido Patrón.
Entre los objetivos de este mes es saber en qué gastó el presupuesto destinado a la atención ciudadana desde que tomó protesta, hasta estos días.

En este blog iré detallando la información que logre obtener al respecto, así como de otros compañeros que decidieron sumarse a esta iniciativa.
Si tú quieres saber más de esta iniciativa y sumarte, da clic aquí o en el enlace que está en la barra derecha de este blog.


martes, 15 de diciembre de 2009

Los hermanos del Metro Bellas Artes

Por ahí del 2004 o 2005, cuando estudiaba la carrera, me tocó ver a un niño de la calle, como de 4 o 5 años llorando en los andenes del Metro Bellas Artes. No traía zapatos y un joven, como de 18 años, le frotaba el pie.

Al siguiente día me topé nuevamente con el joven, que cargaba al niño, y pedía limosna.

Al tercer día el niño traía una venda en su pie porque, claro está, se había lastimado.

Estaban los dos, el grande y el chico, sentados en el mismo andén compartiendo una Coca-Cola.
Yo, esperando el Metro, escuché a la señora que hacía el aseo hablarle a los hermanos. Ahí me descubrí una parte de su historia.

No tenían mamá, había muerto y sólo se tenían el uno al otro, acababan de llegar de su comunidad. Comían en la calle con lo que juntaban de las limosnas, pero no había desayuno ni cena.

La historia me atrapó, aunque no quise integrarme, pero decidí dejar pasar dos o tres vagones para seguir escuchando su plática.

La señora del aseo les ofreció una torta y les dijo que no se podían quedar ahí. Que tenían que buscar otro lado porque tarde o temprano la policía los retiraría.

El niño no hablaba y sólo se aferraba al brazo de su hermano.

Le contó a la señora que habían tenido que ir a una Farmacia Similares para que un doctor, de los que cobran 25 pesos, revisara el pie de su hermano que no había dejado de llorar. No tenían dinero porque la venda costó 15 y por lo tanto se habían quedado sin una moneda, sólo tenían una Coca que les habían regalado.

Pasaron los días y cada que pasaba por Bellas Artes me ponía atento a ver si estaban los hermanos. Algunas veces les di una moneda, otros nos los veía, pero llegó el tiempo en que los perdí.

Y justo hoy, después de 4 o 5 años, me los volví a topar. Seguían juntos, con ropa descuidada, pero ya no pedían limosna. Ahora venden chicles.

El niño, que sigue siendo niño, ya trae zapatos. Su hermano, el grande, no.

Me sigue dando mucha tristeza que existan estas historias de supervivencia, pero también me da gusto que esa unión entre dos hermanos no haya sido rota por la gran ciudad.

Quizá el mundo no les dio la oportunidad de estudiar, viajar o vivir en familia, pero sí les dio ese lazo indestructible de tenerse uno al otro, un regalo por el que muchos matarían.